Secretos Arqueológicos


Tres estudios para comprender la arqueología monegrina:
“De la prehistoria a la época andalusí”. Alexis Porta

Aunque parezca mentira, dado el desierto demográfico y natural que es hoy en día Monegros, esta tierra ha sido hogar de numerosas civilizaciones anteriores; y con mucho mérito, ya que las condiciones en que desarrollaban su vida cotidiana, hacían de ellos unos supervivientes capaces de aprovechar hasta el mínimo recurso disponible de la estepa.
Este pequeño artículo pretende dar a conocer tres trabajos más o menos conocidos, imprescindibles para formular una síntesis arqueológica del poblamiento monegrino.
En primer lugar, siguiendo el orden cronológico, hay que destacar el trabajo de Javier Rey Lanaspa : “La población prehistórica del interfluvio Flumen-Alcanadre.. Una completa tesis doctoral de 1987.

Partiendo del Neolítico (4500 años a.C.), investiga una serie de yacimientos conocidos e inéditos, con nombres que a más de uno puede que le suenen. Tras analizar la cerámica, la industria lítica y otros restos de cultura material, nos dibuja un horizonte de asentamientos, tanto en ladera como en altura, desde el mismo neolítico, pasando por el Bronce antiguo, medio y final (1900-1000 a.C.), para finalizar en la primera edad del hierro.

En segundo lugar, damos un pequeño salto cronológico para centrarnos en época romana. Concretamente en un artículo del arqueólogo leridano Francesc Giral Royo: “Introducción al poblamiento de época romana en lo Monegros”.


Un estudio metodológico clásico, basado en la prospección, clasificación y estudio de un conjunto de yacimientos situados en la cuenca del rio Alcanadre. Temporalmente hablando, abarca desde el final del periodo ibérico, republica romana, alto imperio y bajo imperio, es decir, desde el S. III a.C. hasta el V d.C.
Se evidencia así, la destacada trama poblacional de la que gozaba Monegros en esta época tan importante de la historia.  
Por último, aunque posiblemente el más importante de los tres, en lo que se refiere a proyecto y continuidad de las investigaciones en el territorio de Monegros, es uno de los artículos del arqueólogo francés Philippe Sènac, catedrático de la universidad de Toulouse-Le Mirail II: “Poblamiento, hábitats rurales y sociedad en la Marca Superior de Al-Andalus”.
Tengo que reconocer que aprecio especialmente el trabajo de Sènac, no en vano pasé varios veranos de mi época estudiantil, como alumno suyo en el yacimiento andalusí de la Cillas, en Marcén. Es por eso que conozco más de cerca su trabajo y los años que lleva “pateándose”  la comarca de arriba abajo.
Partiendo de un contexto más amplio (La Marca Superior de Al-Andalus), Phillippe Sènac nos retrata la importancia estratégica que tuvieron los Monegros en una época tan convulsa como fueron los siglos X y XI d.C. En su caso, el método arqueológico adquiere mayor protagonismo debido a la excepcionalidad de contar con un yacimiento prácticamente intacto y abandonado en los primeros años del S. XII d.C. con la llegada de las tropas cristianas. Además abarca la prospección de amplias zonas monegrinas, así como el estudio cerámico y de fuentes escritas.
Planimetría del yacimiento (Autor: Philippe Sènac)




Vista aérea en 2005, la foto fue tomada desde un ultraligero. (Autor: Philippe Sènac)


(Autor: Philippe Sènac)

Cabe destacar, que a día de hoy, se han encontrado casi 50.000 fragmentos de cerámica en las Cillas. Lo que ha ayudado a configurar una base de datos cerámica y cronológica de enorme valor dentro de los estudios arqueológicos andalusís de toda la Marca Superior, y extrapolando, de toda la península.


Espero que os guste esta recopilación. Que os abra los ojos a un pasado lejano, pero tan cercano que está a unos cuantos kilómetros de la puerta de vuestras casas. Y la mayoría de las veces pasa completamente desapercibido. Desde proyecto Monegros, queremos hacer un llamamiento a todos aquellos que sentís curiosidad por vuestra tierra, ya que como podéis observar, esconde secretos de los que sentirse orgullosos. Un saludo y seguiremos informando.
















El yacimiento de “Mondón”, Poleñino (Monegros) por Alexis Porta Licenciado en Historia, Arqueólogo y Monegrino.

El municipio de Poleñino, situado en la zona norte de los Monegros, esconde una pequeña sorpresa arqueológica, que me ha estado cautivando durante años.
Situación: El yacimiento, conocido como “El Mondón” es una pequeña elevación natural, a 328 m. de altitud sobre el nivel del mar y limítrofe al cauce del río Flumen, que a su paso dibuja un meandro amplio que rodea la colina. El Monte es visible desde el pueblo, con el que le separan un par de Kilómetros. A los pies de El Mondón, hay una pequeña llanura, apta para el cultivo, que, sin embargo, lleva décadas en barbecho, lo que ha facilitado enormemente que los escasos restos que se conservan, no desaparecieran del todo. Poleñino se encuentra situado a 5 Kilómetros de Lalueza y 15 Km. de Grañén, siendo su distancia con respecto a Huesca de menos de 50 Km.
Toponímia: No es fácil realizar interpretaciones en este campo de la investigación, se corren muchos riesgos, pero voy a exponer una serie de datos que tal vez nos ayuden a entender de donde viene el topónimo de Poleñino. La primera mención documental de la que se tiene referencia casi cierta es la de un documento único por su antigüedad y por el contexto. Se trata del testamento del Diácono Vicente, que a mitad del siglo VI menciona el nombre de cierto lugar llamado “Mons Polenaria”como parte de las tierras que pertenecen a su familia. No hay confirmación exacta de que se esté refiriendo al yacimiento de Mondón, pero a juzgar por el marco geográfico del resto de sus dominios, la posibilidad de que sea el mismo es muy alta. En lo referente a interpretación, cualquiera que conozca el lugar, sabrá que es una colina llena de esparteras de color amarillento, alternando con claros donde aflora la roca arenisca. En latín la palabra “Polen”significa polvo, por lo que no es descabellado que el nombre que recibiera ese pequeño asentamiento humano sea el de colina polvorienta o del color del polvo. Otra interpretación igual de factibles y con más tradición es la que atribuye el topónimo a un primer propietario de la tierra, de origen romano, llamado Paulinus. Es difícil dirimir cuál es la correcta. La segunda mención aparece ya en época de la reconquista cristiana, después de un extraño vacio documental de fuentes árabes (no tan extraño en cuanto a la ausencia casi total de restos arqueológicos musulmanes). En esta ocasión, a principios del siglo XII, y con motivo de la concesión de tierras tras la conquista de la zona, aparece en una carta de población el nombre de “Mondón”asociado a otro lugar muy próximo llamado “Fundón”. Como dando una referencia visual de los dos, Mondón (arriba), Fundón (Abajo).

Características del terreno: La superficie total que comprende el enclave de Mondón cubre unas 70 ha. aproximadamente. El terreno que conforma la suave colina es una mezcla alternativa de estratos horizontales de piedra arenisca dura y arcillas rojas, produciendo su erosión un bajorrelieve de llanuras de arena arcillosa y yesos. Las escasas precipitaciones, frecuentemente torrenciales, cuando se producen, han erosionado de tal forma el yacimiento, que es imposible (al menos superficialmente) atisbar cualquier indicio de estructuras constructivas. La vegetación está compuesta por especies de ribera en la zona más próxima al cauce del río Flumen y especies de clima semiárido (esparto, ginestras, romero, tomillo,…) en el resto.


Material cerámico: La secuencia cronológica que nos ofrece el material cerámico observado en la superficie del yacimiento me hace llegar a la conclusión de que tuvo dos periodos fundamentales de ocupación. En primer lugar, la más antigua se produce en época alto imperial romana (Siglos I-II) a juzgar por los escasos fragmentos de Terra Sigillata y campaniense observados. De esta época también se encuentran algunas tegulae y cerámica de pastas grises. Pero es el segundo periodo el que aporta más cantidad de materiales arqueológicos y más interesantes. La segunda ocupación (transcurrido dos siglos de abandono) se inicia aproximadamente a finales del siglo V, y entronca de pleno con la referencia documental del Diácono Vicente. Aparecen fragmentos cerámicos de pastas grises y clara producción local con gruesos desengrasantes e irregularmente cocidas. Este tipo de cerámica, que tal vez merecería más atención por parte de los investigadores, nos permite comprender la situación de fragmentación política y económica que atravesaba la antigua Hispania en plena época tardo antigua. Pero la cerámica no es el principal indicador para atribuir el yacimiento a una época tan interesante como la transición entre el mundo antiguo y el medieval, hay más.

La necrópolis: con una cronología de los siglos VI-VIII, por estudio comparativo. Se encuentran hasta la fecha, 14 enterramientos labrados en la roca arenisca, con tipologías antropomorfas y en forma de bañera, siendo la parte destinada a la cabeza y los hombros más ancha que la destinada a los pies. Todas con dirección Este-Oeste, y con ligeras variaciones en la dirección dependiendo de la época del año en que fueron construidas. Destacan por su rareza, las tumbas dobles, talladas en un mismo momento. Las medidas van desde 1,25 m. a los 2 m. de largo y desde 30 cm. a 55 cm. de ancho. El lugar en el que se ubican ofrece una amplia vista panorámica de las supuestas (a falta de más restos arqueológicos altomedievales) áreas de cultivo y de hábitat. El relativamente alto número de enterramientos contrasta con la falta total de cualquier tipo de resto arqueológico de cultura material en este sector, estando visiblemente vacías todas las tumbas. Seguramente este hecho se produce por la agresiva erosión que ejercen en el lugar el fuerte cierzo, las lluvias torrenciales y la propia erosión que hace sobre el paisaje el rio Flumen, a escasos 150 metros de distancia.

Tumbas antropomorfas talladas en la arenisca.




Esquema de las tumbas visibles

Otros Restos de cronología indeterminada: Diseminados por toda la zona, a nivel superficial, aparecen numerosos restos de escoriales de fundición así como pequeños silex, huesos animales (colmillos, mandíbulas, costillas, etc.) muy deteriorados y escasos fragmentos de hierro con forma de clavos. Todos los restos observados (incluidas las cerámicas) se ubican en pequeñas terrazas hacía el rio, producidas por la erosión y por debajo del nivel de la necrópolis. Por último, hay estructuras con forma de escaleras de unos 6 peldaños, pertenecientes a una cantera de piedra arenisca de época bajo medieval o moderna, aunque esto último se está estudiando.




¿ Cantera de época moderna?.
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LOS FELUSES DE “EL MONDÓN”.

Cuatro son los feluses encontrados fortuitamente en la zona. Los cuatro aparecieron en un espacio de aproximadamente 1 m². Se han realizado labores de limpieza y restauración para salvaguardar la integridad de los mismos y se encuentran en los fondos del Museo Provincial de Huesca para todos aquellos que quieran acceder a investigarlos.
Felus nº 1




Diámetro: 17,5. mm. Metal: Cobre. Cronología: 711- 740.
Inscripción: en Anverso ( no Dios, sino Dios)

Se trata del felus más común de todos los que aparecen en al-Andalus, en el catálogo de Museo Arqueológico Nacional abarca el 52% del total de feluses de la colección y el 31% de los feluses de la colección del Museo Arqueológico Provincial de Córdoba. La inscripción es de trazos gruesos y bien definidos.


Felús nº 2


Diámetro: 10,5. mm. Metal: Cobre. Grosor: 2,1. mm. Cronología: 711- 740.
Inscripción: en Anverso no dios
En reverso sino Dios
Este felús no aparece en los catálogos. De pequeño tamaño y grosor considerable, la tosquedad en su acuñación nos traslada al primer cuarto del siglo VIII. Posee únicamente la profesión de fe en el apartado epigráfico.

Felús nº 3



Diámetro: 9. mm. Metal: Cobre. Grosor: 1,5. mm. Cronología: 711- 740.
Felús nº 4


Diámetro: 9. mm. Metal: Cobre. Grosor: 1,9. mm. Cronología: 711- 740.


Los dos últimos feluses, 3 y 4 por las características que poseen pertenecerían a la misma tipología, siendo C, ligeramente más cuadrado. No se ha conservado ninguna inscripción, pero es de suponer que son de la misma cronología que los anteriores A y B.

CONCLUSIONES:
El yacimiento arqueológico de “El Mondón” estaría compuesto por dos fases diferenciadas de ocupación. La primera sería alto imperial romana, con una fase temporal (a falta de más estudios) entre los siglos I - II d.C. a juzgar por los restos cerámicos antes descritos. Los escasísimos fragmentos de Terra Sigillata no permiten precisar más la cronología. La segunda fase sería altomedieval, con un margen cronológico entre los siglos VI y el VIII d. C.
La necrópolis altomedieval, con sus peculiares características (orientación, ritual, etc.) constituye una prueba más palpable, no sólo para datar una época de ocupación (junto con todos los demás indicadores), sino también para evidenciar que hubo una ocupación estable, fructífera y prolongada al menos durante varios siglos. Es una pena que los procesos erosivos del terreno, hayan destruido prácticamente el yacimiento. Como conclusión lógica sobre este yacimiento, la línea de investigación propuesta por el profesor de historia medieval Carlos Laliena y el arqueólogo Julián Ortega en la cuenca del río Martín nos sirve perfectamente de marco de interpretación. En su estudio proponen tres áreas distintas: la primera de enterramientos, en cista de lajas, talladas en la roca y con forma antropomorfa, con una cronología desde el siglo VI al VIII. Los enterramientos están situados cerca del cauce del río, pero generalmente a una altitud tal, que se puede observar todo el entorno circundante. La segunda de terrenos de cultivo adosados al cauce del río, en la margen de los enterramientos que constituyen una estrecha franja pero muy fértil. En último lugar estaría el área de poblamiento, indeterminada todavía en “El Mondón” al igual que en otros yacimientos analizados en el río Martín. Me remito por tanto a las palabras de Laliena: “La trascendencia de la aparición sucesiva de nuevos modelos de relación entre áreas de residencia, zonas de producción agraria y espacios de enterramiento no puede ser en absoluto menospreciada, sobre todo si tenemos en cuenta que coincide en el tiempo y en el aspecto general de los procesos de cambio con los que tienen lugar en otras regiones del Mediterráneo occidental. En ellas, además, arqueólogos e historiadores han interpretado estos movimientos como un síntoma fundamental de una cesura que permite separarla Antigüedad Tardía(siglos IV-V) de la fase inicial de la Edad Media (siglos VI-VIII)”. Este planteamiento implica la existencia de un tipo de poblamiento rural distinto y exclusivo para los siglos VI-VIII que perduraría hasta la definitiva consolidación del estado andalusí en torno a los siglos IX-X. Es relevante para tener más certezas, ampliar el territorio de investigación de este fenómeno.
Por último, la serie de cuatro feluses, datables a principios del siglo VIII muestran que la población autóctona desde fechas muy tempranas comienza a manejar numerario introducido por los árabes. Una vez escuché que las monedas viajan más rápido que los ejércitos, parece que es cierto. La nueva administración árabe obligaría a pagar los impuestos en moneda, y la población, semi-desmonetizada del periodo anterior, tuvo que adaptarse a la situación. Para ello, la administración acuñó gran cantidad de feluses en los primeros momentos. El relativamente abundante número de piezas encontradas en la Provinciade Huesca dan pie a pensar en la temprana organización a la que fue sometido este territorio, y al hecho de que numerosos contingentes de árabes se asentaran en la zona, merced al pacto que los Banu Amrus y los Banu Sabrit (familias más poderosas y autóctonas de la ciudad de Huesca a la llegada de los musulmanes) habían suscrito después de siete años de asedio.

Este es un rincón desconocido de la comarca de Los Monegros que he querido compartir con todos vosotros. Por suerte o por desgracia, En esta tierra hemos estado tan aislados del mundo que nos rodea, que estas pequeñas maravillas se han conservado aguardando a ser descubiertas. Eso sí, es importante acercarse a ellas con las gafas de ver de cerca, observar y profundizar y no con las de simplemente mirar desde lejos, como un paisaje en la ventanilla del tren o en mitad de la autovía. Espero que os guste.
Alexis Porta


C. Pedrocchi Renault Historia Natural de los Monegros”. Instituto de Estudios de los Monegros. Grañen (Huesca) 2000.
C. Laliena y J. Ortega Arqueología y poblamiento. La cuenca del Río Martín en los siglos V-VIII”. Ed. Grupo CEMA, Zaragoza 2005.
Mi agradecimiento a Philippe Sènac que los llevó a la Biblioteca Nacional de Paris para su restauración.
R. Frochoso Sánchez, Op. Cit. Pág. 21.
C. Laliena y J. Ortega Arqueología y poblamiento. La cuenca del Río Martín en los siglos V-VIII”. Ed. Grupo CEMA, Zaragoza 2005.

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